domingo, 1 de abril de 2012

Lo tuyo es puro teatro.

Es increíble como una tarima a cierta altura puede hacer cambiar por completo a una persona.
Unos focos, un par de telones, los bastidores...qué poca cosa hace falta para tantas emociones juntas.



En el momento en el que una persona se sube al escenario, sus problemas se quedan abajo, en el patio de butacas, observándole. Ahora ellos son los espectadores y ella es quien toma el mando. Deja de ser alguien con nombre y apellidos, y se convierte en todo y en nada al mismo tiempo.
En todo, porque puede ser un niño pequeño o un señor mayor: un hombre o una mujer. Puede incluso que sea un animal, un monstruo, o incluso una inerte piedra. Puede estar triste, contenta, preocupada...
En nada, porque ninguna de sus máscaras es cierta. Pura ficción. Comedia, tragedia, lo que sea. Ficción, pero no mentira.

Una persona, cuando sale al escenario y se pone bajo los focos, deja de ser un envoltorio y pasa a ser lo que lleva dentro. La esencia de la persona, es ella en estado puro. Es gracioso, porque es haciéndose pasar por otros cuando los humanos dejan ver quiénes son ellos en realidad.



Un actor es esfuerzo. Un buen actor es que ese esfuerzo no parezca tal. 
Teatro es meterse en el papel de otra persona, como una posesión.
Es memoria, potencia, espacio, tiempo. Control y autocontrol. Es darle a la timidez la forma de un personaje. Es respirar hondo antes de salir a escena, y temblar como un flan entre bambalinas. Confianza y miedo a la vez. Es imaginar, es "no hay tiempo de pensar, sal y hazlo", es un reto constante.
Es soltar lo que llevas dentro encima de una tarima, y que al salir de escena el corazón te vuelva a latir.
Es ese remusguillo en el estómago según se acerca el día en el que tengas que hablar ante tus amigos y familiares...como si fueras otra persona.
Es reír, es llorar, exagerar, disimular. Fingir que finges. Una paradoja infinita y preciosa.
Visto desde dentro o desde fuera, el teatro es siempre como la vida misma. Posiblemente, si vas a ver una obra de teatro, haya más ficción en la calle que en las tablas. Esa es la magia.

Y yo, que ni por asomo me considero actriz, no cambiaría por nada del mundo esa sensación al oír crujir el escenario de Ambigú bajo mis pies.



4 comentarios:

  1. Ya que veo que nadie te comenta aquí, lo haré yo. Adoro esta entrada, al igual que adoro tu blog y como escribes:3 No sabía que hicieses teatro, es una cosa que me encanta, yo lo dejé pero la verdad es que no me faltan ganas de volver otra vez a actuar. Sigue escribiendo, echo de menos leer el blog mientras desayuno xD

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  2. Muchísimas gracias Kira!
    La verdad es que aunque fui en el colegio a teatro, ha sido este el primer curso de la Eso en el que me apunto. Y la verdad es que no me arrepiento.
    Espero que te gusten las nuevas entradas!
    Pronto haré otra.

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  3. me a encantado lo que pones,soy actor y es la mejor profesion del mundo....los medicos curan el cuerpo,los actores el alma.

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    1. Me ha encantado esa última frase, además es curioso porque yo quiero hacer medicina y me gustaría seguir actuando como pasatiempo, curaría ambas cosas :)
      Me alegro de que te haya gustado.
      Qué envidia me das, te deseo lo mejor, muchísima suerte.

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