Hola bloggeros!
Antes de que leáis la entrada y/o toquéis nada, he de daros unas pequeñas instrucciones.
Esta entrada está pensada para ser leída mientras se escucha la música del vídeo de abajo. Hacer que todo cuadrase a una velocidad de lectura más o menos media es duro (de ahí mi tardanza, lo siento). Por tanto, para que mi esfuerzo no sea en vano y disfrutéis mejor de la entrada, recomiendo que leáis a una velocidad similar a la que usaríais para leer este texto en voz alta. Intentad entender bien todas las frases, solo así encaja bien con la música.
Por último, espero que os guste, y que comentéis (que sé que sabéis, a veces lo habéis hecho) con vuestra opinión.
AHORA SÍ, DALE AL PLAY Y LEE. :D
...Flotando...
Estoy flotando...
A la deriva en medio de la más absoluta y vacía NADA.
No hay aire, no hay color, no hay ruido. Y tampoco me hace falta.
Solo floto...
...
Me despierto.
Bueno, al menos mentalmente. No quiero abrir los ojos aún.
Es raro pensar cómo estaba funcionando tu cabeza antes de que fueras consciente, antes de despertar. Como si algo te hubiera tirado del tobillo para ponerte de nuevo los pies en la tierra después de un viaje por las nubes.
Mi cuerpo responde como en una reacción en cadena, como si me mandase pequeñas señales de que sigue ahí; estiro una pierna, me cruje la muñeca, se me ponen los pelos de punta, bostezo... Sí, parece que sigo viva. Hora de abrir los ojos.
Mi respiración es lenta, relajada. Estoy hecha un ovillo tumbada sobre mi lado derecho, tapada hasta las orejas con el edredón. Fuera de ese cascarón hace frío, pues mi aliento forma nubes de vaho apenas sale de los límites de la tela.
Aunque me muera de frío, salgo de la cama y, poniéndome a tientas las zapatillas, me dirijo hacia la puerta. Sin pensar, cojo el pomo, abro y...
Y...
No puede ser.
¿Sigo soñando?
Tras mi puerta no está mi casa. Hay...hay nieve, mucha nieve.
¿Qué? ¿Qué narices pasa? Sí, definitivamente es un sueño, pero tengo la sensación de que no es uno cualquiera. Lo recordaré siempre...en fin, le seguiré el juego a mi cerebro.
Justo delante de mi puerta hay unas huellas. Decido seguirlas, al fin y al cabo es un sueño, no puedo morirme, el cerebro me despertará en un acto reflejo.
Las huellas llevan a un bosque en mitad de un mar de nieve, como puesto en un cuadrado concreto del terreno. Todos los árboles son iguales, separados por la misma distancia unos de otros. Me adentro en el bosque siguiendo las huellas. Parece que encajan con las mías...
Y en mitad del rastro que sigo, como aparecida de repente...
Ahí está...estoy...estamos. Una chica exactamente igual que yo, mirándome fijamente. Casi me mata del susto. Está a unos 10 metros de mí, inmóvil. Le pregunto quién es, no contesta. Parece que ni siquiera respira. Cuando intento ir hacia ella, se da la vuelta y avanza en línea recta. No me hace caso, no responde. Solo anda y da mucho miedo.
Y yo la sigo, manteniendo siempre una distancia prudencial, pues si intento acercarme ella acelera su paso.
Después de un rato, tengo la sensación de haber caminado durante horas. Todos los árboles iguales, nada llama la atención. Todo es tan monótono que cansa. Y hace frío...
De pronto para en seco. Mi corazón también.
Se gira, me mira a los ojos. Está empezando a nevar sangre.
Los copos rojos lo cubren todo, absolutamente todo.
Casi no puedo ver. La nieve cae con fuerza. Me entra en los ojos y no consigo mantenerlos abiertos. Yo intento en vano cubrirme con las manos.
Cuando intento entreabrir los ojos, veo que la chica se acerca a mí cada vez más.
Está justo delante de mí. Sus ojos son rojos.
Y todo se desvanece, lentamente.
Estoy muerta de miedo. Cerebro, corta ya, corta ya.
Mi cuerpo cae hacia atrás, esta vez no floto como antes.
El cosquilleo que solemos tener en la barriga cuando bajamos en ascensor se extiende ahora por todo mi cuerpo, pero elevado a la enésima potencia.
No es una sensación agradable. Parece que todo a mi alrededor desaparece, y todo está bañado de malos presentimientos.
Todo es tan real...demasiado. Mi corazón se acelera, se me dilatan las pupilas, noto cada movimiento de mi cuerpo como amplificado. Pellizcarme no serviría para despertarme. El dolor aquí es tan real que asusta.
Sigo cayendo. A los lados pasan todos mis miedos personificados, todas mis inseguridades. No quiero seguir aquí, quiero que pare. Todo es demasiado real. Empiezo a dudar que sea un sueño.
Que pare, que pare...
Y para.
No se dónde estoy...
Un...hospital ¿tal vez? El pitido de mis constantes vitales en una máquina es todo lo que oigo de fondo.
Abro los ojos por tercera vez en el sueño. La luz blanca me ciega.
Y allí está ella de nuevo. Mirándome de pie junto a mi camilla. De nuevo, muda, de nuevo fría, como si no estuviera viva.
Me incorporo rápidamente, ella sale de mi habitación. La sigo, igual que antes, pero esta vez por un pasillo de hospital vacío. Solo hay luces blancas y puertas, y al final del todo, al fondo, una gran puerta gris.
Yo, con un pijama de hospital azul, ella, vestida de enfermera. El hospital, sumido en el más profundo de los silencios.
¿Qué hago aquí? ¿Qué intenta decirme mi cerebro? ¿Es esto acaso una señal de algo? ¿Una advertencia? No me gusta, quiero que pare, quiero despertar.
Y yo la sigo, cada vez más rápido, casi corriendo, casi llorando, por ese pasillo infinito.
Las luces comienzan a parpadear, mis miedos caminan unos metros por detrás de mí. Están todos, vienen a por mí, saben que los temo. Cada vez son más grandes, más rápidos. Y yo cada vez más pequeña. No me llega el aire a los pulmones, me ahogo, no puedo correr. Los noto ya tras mi espalda. Me han pillado, se acabó, voy a morir encerrada en un sueño...voy a morir.
Ella llega a la puerta gris y la abre. Todo queda bañado por una luz blanca inmaculada, demasiado intensa. No obstante esa luz me ha salvado. Se acabó...por fin terminó. Estoy a salvo...
¿Se acabó?
No, claro, ¿cómo iba a ser tan fácil?
Ahora estoy, o mejor dicho, estamos, en una azotea. La ciudad está vacía. No hay coches, ni gente, ni ruido.
Ella se queda parada en el borde de la barandilla de seguridad.
Me mira esperando que haga algo.
Y creo haber entendido qué quiere que haga.
Camino hacia el medio metro de metal que separa la azotea del abismo.
Me subo al borde. La miro. Ella se limita a asentir.
Miro abajo. Hay unos 10 pisos de altura. Voy a morir, pero supongo que es lo que debo hacer.
Respiro hondo, cierro los ojos. A eso quedo reducida, a una víctima de mi propio sueño. Una prisionera de mi propio mundo.
Estiro mi pie derecho hacia el aire, y dejo caer mi cuerpo lentamente, asumiendo mi final.
Me limito a esperar la caída, el dolor. La muerte.
Pero no llega, me despierto.
Abro los ojos y doy un respingo. Mi cerebro ha terminado su historia.
Aunque al levantarme, encontré un poco de nieve bajo la puerta de mi habitación.
Dulces sueños. Sed felices.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario :)
Se aceptan críticas, sobornos, mensajes de apoyo y tomatazos.