De algún modo aún me sorprende responder a preguntas diseñadas precisamente para encasillar mi forma de ser en líneas generales, y observar que el resultado se aproxima a la realidad.
¿Acaso creo que contestaré mal a mis propias cuestiones? ¿O es que desconfío de que una máquina escuche mis respuestas?
Leo los resultados de los tests de personalidad como si fueran un horóscopo. Soy escéptica, lo admito. El problema es que serlo en el segundo ejemplo es normal, pero serlo en el primero, no.
Esto me hace plantearme que quizá mis relaciones sociales hasta ahora hayan sido una mierda: o yo estoy tan acostumbrada a mentir sobre mí que ya no creo que lo haga, o lo habitual es que mi interlocutor reciba mis palabras como quien escucha el hilo musical de un ascensor de hotel.
Deprimente, sea cual sea la verdad. O tal vez sean las dos.
En cuyo caso es aún más deprimente.
Feliz jueves.
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