*En mala racha.
Y bueno, es de esas cosas que en algún momento tenía que pasarme y ser escrita en mi pantalla tras una línea parpadeante.
Supongo que el desgaste físico, la rutina, la presión y el miedo a la avalancha de exámenes han podido conmigo. Yo que sé. Se me queda en el paladar un saborcillo a decir estupideces cada vez que abro la boca.
Papá y mamá no ayudan.
La nicotina consuela por encima de lo que me gustaría reconocer.
Y así todo.
Últimamente lo escribo todo en renglones separados. Qué cosas.
Y el espejo está especialmente cabrón, volviendo a lo de antes. No conectamos. Kilos aparte, el cansancio se acumula y tengo la mirada vacía, el pelo rebelde y un gesto amorfo. Las tetas siguen como siempre, al menos.
Yo debería estar estudiando.
Lo siento.
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