"Soñó que era un licántropo
y que su corazón estaba lleno de luz cristalina"
Eso rezaba la tumba de su padre.
Ella había nacido con los mismos ojos azules, la misma luz en el corazón. Las mismas voces en la cabeza.
Su padre era esquizofrénico.
Pero no era culpa de él, le decían a ella sus voces. No. La culpa era de ella. Eso le decían..
No, su pobre padre no tenía la culpa de no poder estar ahí. No, su padre no.
Ella era quien no supo cuidarle.
Ella no era suficiente, le decían sus voces. Eso le decían.
Ella era vulnerable. Eso decían.
Con los pies tan fríos como la piedra de la lápida, comenzó a recordar.
Las manos de él, la cara de su padre.
Pero ese otro hombre...¿quién era?
No, él no tenía tampoco la culpa. Ella le provocó.
Le quemó con la llama que crecía en ella.
Era su culpa, le decían sus voces. Eso le decían.
Este hombre sí que la trataba como un padre. La protegía, la cuidaba, la acariciaba...
Pero ¡pobre muchacho! él sí que era un licántropo.
Él sufría y tenía que hacerla daño, porque ella era la luna llena.
Ella era la luna, le decían sus voces. Eso le decían.
Y entonces él se transformaba y entraba en su cuerpo como un montón de balas.
Pero no era su culpa, pobre lobo. Pobre criatura.
Eso se decía.
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Esta canción parece inofensiva -aunque tal vez algo inquietante- a simple vista. He querido ponerla aquí y hacer con ella un relato basado en su letra, porque realmente trata el caso de una violación. El personaje que canta la letra es una chica que ha crecido sin el amor de su padre (pues este padecía esquizofrenia). Evidentemente él no tiene la culpa de su enfermedad, pero ella no se valora, no se quiere. Y esta espiral de autodestrucción la lleva a entrar en un vínculo peligroso con un hombre que se aprovecha de ella. Su inexistente autoestima le genera sentimiento de culpa. Se siente una puta, hablando en plata, a pesar de que la culpa es únicamente del hombre que la ha violado.
Lamentablemente este sentimiento se da en muchas mujeres que han sido violadas. Así hemos conseguido que se sienta una mujer a la que han utilizado: como si fuera ella quien provoca.
Y no apelaré sólo a los hombres, porque cada vez me sorprende más el elevado número de mujeres machistas que aún hoy existen. A menudo somos nosotras nuestras mayores enemigas.
El enemigo es el machismo, no el hombre.
Y en fin, sólo quería invitar a la reflexión. A veces es necesario tratar estos temas directamente.
Buenas noches.
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