Su novio encontró el cadáver...o...bueno...lo que quedaba de él.
El asesino se estaba cebando. Era evidente que quería llamar la atención de la policía y los forenses. Los agentes habían empezado a cuestionarse si se trataba de una sola persona. Era muy difícil que le diera tiempo a matar a la víctima, desangrarla, deshacerse de todas las pruebas y montar la "escenografía" sin ayuda en tan poco tiempo. La pareja de Karen sólo había estado fuera de casa dos horas. Fuera quien fuera, trabajaba rápido. Habría que barajar la posibilidad de que se tratase de dos personas para seguir la investigación.
Esta vez, el...los...asesinos habían inaugurado su propia exposición.
De nuevo, el panorama se veía nada más abrir la puerta del piso.
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-¿Tienes más anticoagulante?
-Sí, bueno. Queda un poco. Tendré que coger más del laboratorio del hospital.
-...bien.
-Aún no me has dicho para qué quieres toda esa sangre.
-No puedo decírtelo. Es una sorpresa.
-...Tampoco te creas que entiendo por qué te llevas cachos de la gente a casa. Voy a tener que vaciar el frigorífico para que quepan...
-Es que la echo de menos. Eso es todo.
-...
-No me mires así. Sólo quiero volver a verla.
-...Creo que sé por donde vas...y no me hace mucha ilusión.
-¿Acaso pensabas sacarle otro uso a un par de muslos y dos brazos? No creo que te quepan en el horno, si es lo que estabas pensando.
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La puerta de la casa da directamente al salón y la cocina. Es una estancia amplia. La pared enfrentada a la puerta está llena de bastidores de pintor de distintos tamaños por las paredes. Y quienquiera que le ha hecho eso a Karen no ha dejado ninguno vacío...¿por amor al arte?
Una pierna...el brazo izquierdo...la otra pierna...la cabeza...el brazo derecho...todos están clavados a las paredes como cuadros expuestos.
Esta vez falta el torso. Y de nuevo brillan por su ausencia los cinco litros de sangre que una persona adulta tiene de media. Esta vez los asesinos se han olvidado de limpiar una prueba, aunque tampoco es muy reveladora.
Karen tiene restos de cloroformo en la cara. Eso sólo despeja la duda de cómo las víctimas "se han dejado matar", por decirlo de algún modo.
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-¿De qué la conocías?
-Posó para mis cuadros cuando los dos éramos aprendices. Tuvimos un rollete. Se conserva bien, la verdad.
-Qué romántico.
-Y tú qué irónica.
-Casi nada. Oye, y...¿qué tienes contra ella? ¿Algún tipo de envidia?
-No. Nada. Sólo quiero su cuerpo.
-Ah...dime que al menos no te va la necrofilia.
-Ja, ja, ja. Te veo animada.
-Es que una no mata a alguien todos los días.
Más... ¡más!
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