jueves, 15 de noviembre de 2012

7H3-NUR53 (Parte 1)

9:43 de la mañana.
Los agentes fuerzan la cerradura y entran en la escena del crimen. La víctima llevaba cinco días desaparecida cuando una vecina llamó a la policía. Vivía sola.

Mujer. 26 años. En paro. Nadie la echó en falta. Sus padres murieron cuando era pequeña. Apenas han encontrado información de ella. ¿La víctima perfecta?

La imagen sobrecoge.
El cadáver se ve nada más entrar, al final del pasillo. Está tendido en el suelo. El gato de la víctima mordisquea ajeno a la barbarie los cachos de carne desgarrados.
Sí, desgarrados. Porque falta un detalle importante.
El cadáver no tiene piernas. Ni rastro de ellas por ninguna parte.
Aunque el cuerpo lleve cinco días tendido en el suelo, el gato no ha podido comérselas con hueso y todo. Los agentes no se lo explican.

Tampoco pueden entender qué ha pasado con la sangre de la víctima. La mujer presenta un corte profundo y limpio en el cuello, pero no hay ni una pequeña mancha de sangre en la alfombra.
La carne y la piel del cadáver están blanquecinas y frías. Los forenses determinan que la víctima ha sido totalmente desangrada a través del corte en la yugular y que posteriormente le cortaron las extremidades inferiores. Probablemente con un serrucho de pequeño tamaño, lo que explica que la carne esté desgarrada y haya limaduras metálicas en ella. El fémur ha sido arrancado de la articulación de la cadera por completo en las dos piernas.
Pero ¿qué ha hecho el asesino con la sangre extraída? ¿Se la ha llevado? Tampoco es de extrañar cuando, al parecer, también se ha llevado las piernas.

La policía registra contenedores, alcantarillas, el hueco del ascensor del piso...no hay rastro de nada.
Sea quien sea, sabe lo que hace. No hay por dónde coger este caso.
Ni huellas, ni restos, ni un rasguño en la tela de la moqueta. Se ha molestado en limpiarlo todo. Hay restos de químicos desinfectantes en algunas zonas del apartamento.

Todos los vecinos son interrogados. Nadie ha notado nada raro en los últimos cinco días. Al parecer la chica tampoco era muy sociable ni ruidosa. Pasaba totalmente inadvertida.

El caso va a levantar ampollas. Las cadenas de telebasura recurrirán una y otra vez al morbo, al detalle de las piernas. La policía tendrá que andar con pies de plomo y soportar estar en el punto de mira durante la investigación.
Y lo peor de todo es que el asesino sigue suelto.

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