jueves, 14 de noviembre de 2013

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Todo

Mal, mal, mal, mal, mal,  mal, mal, mal, mal,mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mañana ya si eso te lo digo, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal, mal.

martes, 12 de noviembre de 2013

Que después de las 12 no tengo que escribir.

Me apetece no fumar para que me apetezca más fumar.
Y entonces el cigarro me sepa mejor.
Ya que hay que morirse...

¿Suena tan raro leído como pensado?

lunes, 11 de noviembre de 2013

"No hay comentarios"

Y no sé si porque os dejo sin palabras (no creo) o más bien porque después de leer no os apetece decir nada.

Os lo juro, no vuelvo a intentarlo.

Yo escribiría poesía.
Parece todo más cierto,
más bonito, menos muerto.
Pero nadie la leería.

Yo escribiría poesía,
y tú serías los versos.
-Por no decir besos-
¿Qué se yo lo que saldría?.

Yo escribiría poesía
si supiera.
Entonces juro que lo haría.

domingo, 10 de noviembre de 2013

No sé como estoy.

Ni sé qué decirte cuando lo preguntas.

¿Tengo algo de lo que quejarme?
No.
¿Problemas?
Los justos y necesarios. Los saludables.


Y sin embargo, no soy feliz.
Ese no es el drama, ya sabes que me gusta estar triste de vez en cuando.
Pero es que tampoco estoy triste.
Entonces ¿qué hago?

Odio la incertidumbre, en todos los aspectos.
Pasa el tiempo a lo largo del día, y nada me llena, nada me saca una sonrisa sincera aparte de anécdotas puntuales que se me olvidarán a los 5 minutos.
La vida es rutinaria otra vez, parece que hasta las conversaciones se repiten. Todos los cigarros saben a las mismas pocas ganas de dormir.
Y no te diré que sea ese el problema, porque soy un animal de costumbres y no me gusta el cambio porque sí.

Supongo que...

Yo que sé, no me hagas caso.
No me tengas estas cosas en cuenta.
Ya sólo hablo por hablar.

Otro cliché.

Él terminó de hablar y la música siguió sonando.
Ninguno se miraba, la visión de sus respectivas infusiones parecía más interesante.

Ella bajó la cara intentando esconderse tras su pelo, como si fuera un escudo impenetrable, hasta que los últimos milímetros de té negro que quedaban por beber reflejaron su mirada. Pero daba igual, porque él tampoco se hubiera atrevido a levantar los ojos de su café.

El ritmo repetitivo de la canción se volvió un participante más de su...¿conversación?
Y nadie se atrevía a interrumpirle.

No hacía tanto tiempo, se conocieron precisamente en esa cafetería. Ella desde su mesa y él en la barra, se veían cada día. Y ahora que ambos se sentaban a menos de un metro, parecían un extraño para el otro.

-No puedo decírselo- pensaban ambos.

-Pero debo- siguió él.

-Ni quiero- añadió ella.



Una canción diferente comenzó a sonar rompiéndoles los esquemas. Pareció entonces que volvían a la realidad, a esa cafetería. El aire helado de enero se colaba entre las patas de las mesas cada vez que alguien abría la puerta.

Él comenzó a remover su medio café, ya frío. El azúcar precipitado arañaba el fondo de la taza. El tintineo de la cucharilla pareció sacarle a ella de sus pensamientos -y tal vez de sus casillas-.

Una mirada rápida, con una cantidad equilibrada de odio, miedo a ese odio y nostalgia.

Ella le dijo -Te quiero-.
Y él contestó como un resorte -y yo a ti-.


Y la música siguió sonando.