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domingo, 18 de septiembre de 2011

Hasta el infinito y más allá.

A la R.A.E me remito:

Infinito,ta. (Del lat. infinitus)
1.adj. Que no tiene ni puede tener fin ni término.
(...)
5.mat. Valor mayor que cualquier cantidad asignable.


Hasta aquí todo bien, ¿no? El infinito es aquello que no tiene un final, algo que suena inmensamente grande, un todo, ese 8 tumbado. Pero, ¿Y si hay más de un infinito? Y si hubiera varios...¿habría unos infinitos más grandes que otros?




Esta pregunta fue contestada por el matemático Georg Cantor, que junto con otros, introdujo la teoría de conjuntos. Fue uno de los primeros en determinar qué es el infinito, y en hablar también de distintos conjuntos numéricos infinitos.


Su forma de verlo fue la siguiente:


1. Partamos de la idea de que hay más conjuntos de cosas que cosas. Es decir, si yo tengo los elementos A y B, puedo hacer los conjuntos {A}, {B}, {A, B} y el conjunto vacío {Ø}. Resultado: con 2 elementos podemos hacer 4 conjuntos. Pero ¿pasa esto en cualquier caso? Para comprobarlo, pasemos al siguiente punto.

2. Ahora imaginemos un mundo con un número infinito de personas. En este mundo, si la gente hiciera clubs, habría un número infinito de ellos (pensad en los clubs como conjuntos). El club al que pertenecieran todas las personas sería el club universal. Y por tanto, habría otro club al que no perteneciera nadie, el club vacío. Entre medias de estos dos extremos estarían todos los clubs posibles.
La pregunta es: si hay infinitas personas e infinitos clubs, ¿qué infinito es más grande?

3. Pensemos que el infinito número de personas y el infinito número de clubes son dos infinitos del mismo tamaño. Para demostrar esto, tendríamos que emparejar a cada persona con un club, uno por uno. Una vez hecho esto, nos daríamos cuenta de que habría personas emparejadas con clubs a los que si pertenecen, y personas emparejadas con clubs a los que no.
(Esta es una parte difícil de asimilar, si no lo entendéis me comentáis y os lo intento decir mejor)




4. Pues bien, entonces debería haber un club para todas aquellas personas que estuvieran emparejadas con un club que no fuera el suyo. Este club fue denominado por Georg como "el club de Groucho".
Bien, si el club de Groucho forma parte de todos los clubs del mundo, alguien tiene que haber sido emparejado con él en el punto 3 (¿Hasta aquí vais bien?).
De nuevo otra pregunta: La persona que ha sido emparejada con el club de Groucho, ¿pertenece a él o no?

(El siguente punto parece un trabalenguas imposible de entender. Pero si leéis despacio y pensando lo que leéis, lo pillaréis enseguida)

5. Suponiendo que esa persona era socia del club de Groucho antes de que le emparejaran con él, una vez emparejado debería ser expulsado de tal club (porque sería miembro y estaría emparejado con un club que tiene como requisito haber sido emparejado con un club del que no eres miembro).

No obstante, si la persona no forma parte del club de Groucho, pasaría a estar emparejada con un club del que no es miembro, y por tanto debería formar parte del club de Groucho, volviendo a empezar con el punto 5.
Intentadlo de mil formas posibles; siempre llegarás a la misma contradicción. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Hemos hecho algo mal?


Sí, hemos hecho algo mal: suponer que el infinito número de clubes era igual de grande que el infinito número de personas. Pero de esta forma, algo simple, hemos demostrado que el infinito número de conjuntos es más grande que el infinito número de cosas con las que hacer conjuntos.

Así que, dicho simple y llanamente: "Hay varios infinitos, y unos son más grandes que otros"

Esta demostración matemática, le supuso a Georg Cantor varios quebraderos de cabeza; Por parte (como casi siemrpe) de los sectores más conservadores como la Iglesia, le llovieron críticas porque su idea del infinito era una "amenaza" directa a la idea de Dios.

De todas formas, esta y otras teorías de Cantor son las bases de las matemáticas modernas, pese a quien pese.

A mí la verdad es que las matemáticas, aunque me encanten, se me resisten un poco. Espero que os guste la entrada, y si no entendéis algo, insisto en que comentéis y planteéis las dudas que tengáis.


S3D F4L1C3S :)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los fabricantes de dianas y su mundo interior

En el pasillo de mi casa hay una diana. Lleva ahí unos cuantos años, he jugado varias veces y nunca me había preguntado hasta hoy el porqué del orden de los números: primero el 20, luego el 1, después el 18... ¿qué sentido tiene eso?

Pues bien, investigando investigando, he encontrado la respuesta.
Brian Gamlin, carpintero y feriante, ideó una disposición numérica mediante la cual la cantidad de puntos que se ganasen en cada partida no dependía del azar, sino de la destreza del jugador. Para ello, a ambos lados de los números con mayor puntuación, colocaba números bajos.

¿No termináis de entenderlo? Es simple: Si un jugador de dardos nefasto lanza un dardo apuntando hacia la franja de los 20 puntos, tiene más probabilidades de fallar y obtener solo 1 o 5 puntos, que un buen jugador (ya que se supone que los buenos jugadores tienen la suficiente puntería y precisión como para dar en el blanco a la primera). En resumen, es una forma de hacer más difícil el juego, para que no haya "suertes del principiante", y cosas por el estilo.

Hasta aquí la explicación del porqué. "Es fácil" pensaréis. "A mi también se me habría ocurrido poner un número muy alto rodeado de dos bajos"
Ñeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeec! ERROR

Hay exáctamente 2.432.902.008.176.640.000 formas posibles de colocar los 20 segmentos circulares de la diana (sí, se que no habéis leído el número entero, y sí, es una burrada de posibilidades).
Pues el señorito Gamlin, a lo tonto y a lo bobo, fue a dar con (según estudiosos de las matemáticas) la combinación casi perfecta.
-Tened en cuenta, que no es tan fácil como alternar: primer número más alto, primer número más bajo, 2º número más alto, 2º número más bajo, etc. Así solo conseguiríamos que en una parte de la diana hubiera mucho contraste entre números altos y bajos, y en otra quedaran los números "de la mitad". Es decir, algo así:

Los números verdes van del 1 al 10, y los rojos del 11 al 20. 
Como podéis comprobar, en la mitad izquierda del tablero se encuentran juntos el 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 14. Por eso se dice que Gamlin consiguió la fórmula casi perfecta, ya que está bastante "equilibrada".

No obstante, recordemos que es "CASI perfecta". Así pues, pese a ser una disposición, como ya he dicho antes, bastante equilibrada, en la mitad izquierda de la diana hay menos contraste de valores entre los números (se encuentran seguidos el 9, el 14, el 11, el 8 y el 16).
Así que si alguna vez jugáis a los dardos y no sois especialmente precisos, es recomendable que apuntéis hacia el lado izquierdo de la diana, para que al menos haya más probabilidades de obtener una puntuación aceptable. De hecho, en el mundo de los dardos, a ese lado de la diana se le llama "el hombre casado", porque se supone que los hombres casados "juegan siempre sobre seguro" (tranquilos, yo tampoco entiendo eso último xD).

Ahora, mi duda es...
¿Cómo es que un feriante-carpintero tuvo tanta maña para encontrar, así como si nada, la combinación casi perfecta? 
Como diría Íker Jiménez; Inquietaannnnte...