lunes, 11 de noviembre de 2013

Os lo juro, no vuelvo a intentarlo.

Yo escribiría poesía.
Parece todo más cierto,
más bonito, menos muerto.
Pero nadie la leería.

Yo escribiría poesía,
y tú serías los versos.
-Por no decir besos-
¿Qué se yo lo que saldría?.

Yo escribiría poesía
si supiera.
Entonces juro que lo haría.

domingo, 10 de noviembre de 2013

No sé como estoy.

Ni sé qué decirte cuando lo preguntas.

¿Tengo algo de lo que quejarme?
No.
¿Problemas?
Los justos y necesarios. Los saludables.


Y sin embargo, no soy feliz.
Ese no es el drama, ya sabes que me gusta estar triste de vez en cuando.
Pero es que tampoco estoy triste.
Entonces ¿qué hago?

Odio la incertidumbre, en todos los aspectos.
Pasa el tiempo a lo largo del día, y nada me llena, nada me saca una sonrisa sincera aparte de anécdotas puntuales que se me olvidarán a los 5 minutos.
La vida es rutinaria otra vez, parece que hasta las conversaciones se repiten. Todos los cigarros saben a las mismas pocas ganas de dormir.
Y no te diré que sea ese el problema, porque soy un animal de costumbres y no me gusta el cambio porque sí.

Supongo que...

Yo que sé, no me hagas caso.
No me tengas estas cosas en cuenta.
Ya sólo hablo por hablar.

Otro cliché.

Él terminó de hablar y la música siguió sonando.
Ninguno se miraba, la visión de sus respectivas infusiones parecía más interesante.

Ella bajó la cara intentando esconderse tras su pelo, como si fuera un escudo impenetrable, hasta que los últimos milímetros de té negro que quedaban por beber reflejaron su mirada. Pero daba igual, porque él tampoco se hubiera atrevido a levantar los ojos de su café.

El ritmo repetitivo de la canción se volvió un participante más de su...¿conversación?
Y nadie se atrevía a interrumpirle.

No hacía tanto tiempo, se conocieron precisamente en esa cafetería. Ella desde su mesa y él en la barra, se veían cada día. Y ahora que ambos se sentaban a menos de un metro, parecían un extraño para el otro.

-No puedo decírselo- pensaban ambos.

-Pero debo- siguió él.

-Ni quiero- añadió ella.



Una canción diferente comenzó a sonar rompiéndoles los esquemas. Pareció entonces que volvían a la realidad, a esa cafetería. El aire helado de enero se colaba entre las patas de las mesas cada vez que alguien abría la puerta.

Él comenzó a remover su medio café, ya frío. El azúcar precipitado arañaba el fondo de la taza. El tintineo de la cucharilla pareció sacarle a ella de sus pensamientos -y tal vez de sus casillas-.

Una mirada rápida, con una cantidad equilibrada de odio, miedo a ese odio y nostalgia.

Ella le dijo -Te quiero-.
Y él contestó como un resorte -y yo a ti-.


Y la música siguió sonando.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Qué más da todo
si ya no importa nada?

Si nadie lo lee.
Y aunque lo leyera.

No sabes lo que pesa esto. No sabes lo que cuesta.
Ni lo sabrás, porque jamás te lo diré.
Nunca.
Ni por todo el oro del mundo.
Me iré a la tumba con ello, cuando ya casi no te conozca. Cuando ni te recuerde.
Pero recordaré esto.

Otra vez mal.
Si lo lees, no preguntes, porque no vas a sacarme nada.
Si no, me desahogo con un teclado y unos píxeles de colores. Y tan contenta.

Y pesa.
Pesa mucho.
Y te quiero.
Te quiero mucho.

Y te pierdo.
Sigue tú.

domingo, 13 de octubre de 2013

Mirad lo que encuentro por ahí

perdido en internet.
En un blog llamado Subrepticio.
Que creo recordar que es mío.

Adorable.

Helena es peligrosa

Helena quiere matarme.
A veces, sin más. Aunque esté feliz.
Sería tan fácil morirse.
Ya lo intenté otra vez, ya lo contaré otro día.
A veces Helena me ahoga en el agua, en sueños.
A veces se abre las venas.
A veces se cruza delante de un coche a 100 km por hora.
Y mientras tanto yo me quedo quieta en la calle.

Helena quiere matarme.

Putos Domingos.

¿Qué has hecho?
¿Y por qué lo has hecho?

Por qué lo habré hecho...

Y qué no he hecho. Eso es lo peor.
Qué no he dicho.

Malditos los domingos (siempre es domingo)
en los que pasa todo a la vez.
Todo.
Y cuando digo todo, es todo.

Y no puedes hacer nada.
Y cuando digo nada, es nada.

La fantástica tortura de todo lo que podría salir mal
bailando delante de tus apuntes en 10 minutos.

Y todo, pieza por pieza, sospecha por sospecha,
cae.
A tu lado. A todos tus lados.
En tu cara, en tu cara de idiota.

¿Y qué hago yo ahora?

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Quién eres?

Si te pidieran una definición de ti, ¿qué dirías?

No, no, que te veo venir. Deja de lado las descripciones de típica clase de inglés: "Me llamo [ ], soy de [ ], tengo [ ] años..."

Eso no me vale. Eso no eres tú.

¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Qué haces? ¿Qué te define como "tú" que no sea aplicable a otra persona?

Es difícil, ¿eh?
Tranquilo, yo tampoco puedo.
En el fondo, creo que nadie lo hace.

¿No será que no somos tan especiales?

Qué asco.