Un día se fue.
Sin más, se fue y no volvió.
La vi marcharse, con paso decidido, con ese que nunca había tenido. Y no la detuve. Algo dentro me dijo que tenía que dejarla marchar. Recorrió el pasillo entero sin vacilar un segundo. Y lo último que vi de ella fue un vuelo de su falda, una milésima, al cerrar la puerta.
No miró atrás, pero sé que sonreía al irse.
Ni siquiera se llevó sus cosas. Simplemente se fue. No se despidió, supongo que no quería que ninguna de las dos llorásemos.
A cada paso, todo recuerdo físico de ella se fue desvaneciendo, como si nunca hubiera estado ahí. Pero dejándome un dulce aroma a fotografía vieja en el corazón.
Estaba preparada. Era su momento, el de salir, el de explorar, el de cerrar las puertas tras ella para abrir las que se encontrasen por delante. Y nunca, nunca mirar atrás. Recordarlo, pero no mirarlo, no tocarlo, no añorarlo. Mejor llevarse de él una sonrisa y no decir nada que pudiera estropearlo todo.
Se fue, pero no me dejó del todo sola. Con su marcha ha llegado a mi casa una brisa nueva. Una inquietud.
Más que mariposas en el estómago, es el arca de Noé corriendo por mis venas, adrenalina en cada poro de mi piel. Ganas de ganas, ganas de sonreír, de gritarle al mundo todo lo que pienso y todo lo que soy.
Se fue, pero no la echo de menos.
La recuerdo con cariño.
Mi infancia se ha ido.
Ayer fue un día muy largo en el que esta palabra expandió un poco su significado para mí.
A lo largo de la vida vas viendo todas las formas posibles de querer a una persona. Pero la amistad se mantiene constante y prácticamente común a todas.
Durante los últimos meses no las he tenido todas conmigo anímicamente hablando. Pero siempre, siempre, ha habido gente ahí, de una forma u otra. Y si me paro a pensarlo, siempre han estado ahí. No sólo en los malos momentos. No solo en los buenos. En todos. Y eso es lo que cuenta.
Un amigo de verdad está siempre ahí sin que ninguno de los dos (ni tú ni él) se dé cuenta. Porque de eso se trata, que se hace sin querer, sin pensar. Simplemente se siente y actúa en consecuencia.
Y aunque sea una mocosa de 16 años con mucho mundo por ver, sé que he encontrado a mis amigos, a la gente con la que conecto.
Porque para mí la amistad es algo más que un sentimiento o que un tipo de amor. Es una conexión. Es encajar con alguien. Poder ser con él quien tú realmente eres, sabiendo que el otro no te va a juzgar porque te quiere así. Y que cuando algo no le guste, te lo dirá. Que será sincero y dirá las verdades más dolorosas, precisamente porque te quiere.
Es sentirse completo, tener una mano a la que agarrarse cuando el suelo se rompe bajo tus pies. Y adoro la sensación de tener todas las manos que tengo para agarrarme cuando las necesito.
Estos días, Bizcochitos, N, M, A...han sido tan necesarios para mí...y creo que ni siquiera son muy conscientes de ello. Muchas gracias. Os quiero mucho más de lo que creéis.
Pero ayer en concreto, mi amistad hacia una persona se vio fortalecida.
Y es curioso, porque de todos mis amigos, a él es a quien conozco desde hace más tiempo.
Juntos desde la guardería, la vida nos separó en la infancia y nos ha vuelto a juntar, como una maravillosa coincidencia (¿coincidencia?).
Que es la prueba de que la amistad chico-chica es más que posible. Que cuando los dos estamos mal, los dos sabemos como hacer reír al otro. Y que es el equilibrio que necesitamos cuando nos torcemos un poco.
Como el ying y el yang, tan distintos, pero tan iguales que encajamos sin por ello mezclarnos.
Le quiero muchísimo muchísimo, y me alegro de que la vida me lo devolviera 12 años después de conocerle.
Para lo que quieras, aquí estoy. Siempre. Aunque no esté, estoy :)
Gracias por todo.
(Tranquilos, esta noche vuelvo con entrada nueva, perdonad que ayer no subiera nada. Ha habido mucho tránsito de gente en casa y no he podido.)
Bueno, resulta que estoy aquí para daros las gracias a todos, y un par de besazos virtuales.
¿Que por qué?
Pues porque este domingo conseguísteis elevar el número de mi contador hasta las ¡4000 VISITAS! Y bueno, se agregaron a mi lista de seguidores unos pocos más, por lo que he llegado a los 25 seguidores.
Y por ello os estoy eternamente agradecida, porque no sabéis lo que significa cada uno de esos pequeños detalles para mí. Me animan a seguir adelante, me hacen olvidarme por un momento de mis problemas, y pensar que al menos pueden tener la utilidad de convertirse en palabras que entretengan a otras personas.
Me evado de mi realidad por aquí, y creo que a través de lo que escribo puede verse mi evolución personal, el cómo me afecta mi entorno. Cuando sea mayor leeré estas cosas y me reiré.
También tengo que agradecer un montón a Bizcochitos y a Kira el hecho de que me hayan animado tanto con el blog, y ahora es mi turno de devolverles el favor y pediros que visitéis sus páginas.
Pues eso, lo dicho. Que seas quien seas, pequeño padawan, si alguna vez un diminuto click de tu ratón ha hecho subir el contador de mi blog. Si alguna vez tus dedos han dejado un bonito comentario en mi entrada, o cualquier otra cosa de esas...ME TIENES A TU DISPOSICIÓN.
He empezado a sentir esto desde hace unos días, pero no hay una palabra exacta que lo defina.
Tal vez con ejemplos:
Como salir a la superficie del agua a coger aire después de mucho rato buceando: el momento justo en el que llenas los pulmones. Ese momento.
O como cuando te suena la alarma del despertador un día festivo, y puedes apagarla, darte media vuelta, esconderte entre las sábanas y seguir durmiendo.
O ese primer día de las vacaciones de verano, en el que de repente tienes tanto tiempo libre que no sabes que hacer con él.
Y también, cuando al salir de la ducha, se pone en la radio sin previo aviso esa canción que hace tanto que no oyes aunque te encante, y sientes la inmensa necesidad de cantarla.
No sé, es como si me hubiera sacado una espina del corazón. Ha dolido, y ahora la piel está tierna, la cicatriz es joven. Pero la inexplicable liberación que siento...merece la pena.
No os riáis del nombre, que os veo ¬¬ Malditos pervertidos.
-Nunca lo entenderás.
+El qué.
-Que el español no es como el inglés o el francés. Aquí la diferencia entre "Ser" y "Estar" es muy clara.
-¿A qué viene eso? Estás loca.
+No, no lo estoy. Lo soy
-...
+Lo fui siempre y antes te gustaba. ¿Y ahora qué? Ahora no comprendes la diferencia entre ser buena y estarlo. Yo lo soy, créeme. Al menos contigo. Me hacías serlo. Pero llegan unos ojos azules y te pierdes.
-...
+¿No vas a decir nada?
-...Te quiero.
+No. No sabes lo que quieres ni quieres saberlo. Y yo sé lo que quieres sin querer saberlo, porque no es lo que yo quiero. Y en el fondo lo sabes.
-Te quiero.
+No te atrevas a decirlo una vez más.
-...
+No lo sientes, no te convenzas.
-Te quiero.
+Cállate.
-Te quiero.
+¡CÁLLATE! Eres imbécil.
-No lo soy, lo estoy. Porque estás delante de mí, por eso lo estoy. Te quiero.
Si todo fuera tan fácil como echar el telón, créeme, que lo habría hecho hace tiempo.
Sed felices, no os conforméis con estarlo.
Y algunos opinan que es al revés.
No sé, esto es solo una opinión, y es un tema lo suficientemente personal como para que no haya ninguna verdadera. Solo puntos de vista.
A menudo he oído decir que quien se suicida es un cobarde. Que quitarse la vida es la solución menos valiente cuando no quieres afrontar tus problemas. Que es una solución egoísta, porque dejas tirados a los que te quieren.
No sé, no estoy de acuerdo.
Ya que los humanos somos "el cénit de la creación" y disponemos por ello de las vidas de otros (animales, plantas, e incluso la vida de otros humanos), ¿por qué no íbamos a poder tener control sobre nuestra propia vida?
Cada persona debería tener control sobre su cuerpo y lo que habita en él. Todo eso le pertenece.
Por eso, si alguien sufre tanto en su vida...si realmente no tiene ninguna gana ni motivo por el que vivir...¿por qué hacerlo?
¿Alguna vez acaso has sentido tú que NADA, ni un sentimiento de curiosidad, ni una amistad, ni tus padres, ni cualquier cosa, te pueda mantener unido a la vida? Espero que no.
Y es más, si alguna vez lo has sentido, ¿de verdad te has visto capaz de cortar del todo con tu vida? Si algo nos une a la vida a los humanos, es el miedo a la muerte. Puede que muchas veces hayas tirado la toalla, y hayas deseado que todo terminase a cualquier precio. Pero...¿Has sido capaz de hacer el gesto? Estás leyendo esto, así que no.
Por eso, yo creo que quien llega hasta el final, quien consigue terminar con su propia vida, demuestra de todo menos cobardía. Ha aguantado hasta su límite, ha esperado a sentir algo por la vida, algo que no ha llegado.
Y finalmente, ha sido capaz de afrontar el miedo a la muerte. Eso no es cobardía. No digo que sea valentía, pero desde luego no es cobardía.
En cuanto al "egoísmo de dejar a tus seres queridos"...posiblemente si has sido capaz de quitarte de en medio, es porque pensabas que estorbabas. Seguramente a tus seres queridos les vaya mejor si no tienen que verte en ese estado, ¿no? Eso es lo que imagino que sienten ellos.
En fin, lo dejo por hoy. Me estoy quedando frita delante de la pantalla.
Sed felices.
Hace unas semanas, después de una larga noche de sábado, mi primer pensamiento al despertarme el domingo fue:
"Joder, me voy a morir"
Pero no en el sentido de morirme de inmediato. Me refería a que algún día moriré. Y tú, que estás leyendo esto, también. Y tus familiares, y tus seres queridos. Quizás esa sea la peor parte.
Sé lo que estáis pensando, y no. No es una entrada depresiva, no estoy pensando en suicidarme ni cosas de esas. Simplemente creo que hemos tomado una visión inadecuada de la muerte.
La vemos como algo ajeno a nosotros, como la antítesis de la vida. Pero no lo es.
La muerte es parte natural de la vida. Es un eslabón más de la cadena. Es parte del ciclo, igual que nosotros somos parte de una motita de polvo en un Universo tan grande que no alcanzamos a comprender.
No obstante, entiendo por qué es lo más difícil de asumir. Es evidente.
Somos seres razonables, sociales, y todas esas cosas. Como protagonistas de nuestra vida, y más a estas edades tan prontas, nos vemos eternos. Nos sentimos eternos. Vemos a la muerte como algo que pasará dentro de muuucho muuuucho tiempo.
"Nuestros seres queridos siempre estarán ahí. Siempre lo están ¿por qué iban a faltar un día?"
Así lo sientes hasta que un día faltan.
Y toparse con la vida de frente, da mucha impresión.
No puedo evitar que este tema me recuerde a esa escena. Tomémonoslo con humor.
Mañana puede caerte un rayo, pasado mañana puede pillarte un coche...y que sin que te des cuenta, sin que te lo creas, termine tu vida.
Y por otra parte, en el caso de que mueras de mayor, tampoco solemos pensar en nuestra vejez.
El cuerpo dejará de responderte como antes. Tu movilidad se verá progresivamente reducida, dependerás de alguien. Puede que tu cerebro también. ¿Y si olvidas a tus seres queridos? ¿Y si tus recuerdos se esfuman hasta dejarte muerto en vida?
Atrévete a decirme qué es peor.
No sé, son solo reflexiones.
Pero cuando me desperté y me vino esa frase a la cabeza, fue como si me hubieran echado un vaso de agua helada encima.
Es la cruda realidad. Es natural. Es inevitable.
Lo que nos hace temerla es no saber cómo es una vez que estás "dentro" de ella.
Quizá debamos cambiar ese punto de vista.
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En fin, se me ocurre también una opinión sobre el suicidio (insisto, no estoy depresiva. De hecho estoy pasando por una de las etapas más felices y con autoestima de mi corta y minúscula vida), pero creo que lo voy a dejar para mañana, tal vez. Esto es todo por hoy.
Ah, y por cierto.
Mi amigo Bizcochitos se ha hecho un blog. Por el momento está "recién nacido", pero os lo recomiendo. Adoro a ese chico y su forma de pensar. Espero que le echéis un ojo y os guste. http://bizcochitosneko.blogspot.com.es/